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Hablando de dietas


mmm… Me parece que abrí la caja de pandora el otro día cuando decidí hablar de la tiroides. Lo cierto es, que llevo ya bastante tiempo con la idea de abordar el tema de la obesidad con la alimentación y el ejercicio cómo la única manera de combatirlos.

No soy médico, ni tengo estudio alguno en nutrición, pero cómo sufridora, de dietas, sé un queso.  Al fin y al cabo, la lucha contra la obesidad ha sido una constante en mi vida desde que tengo uso razón. He perdido la cuenta de a cuántos endocrinos (públicos y privados) he acudido y de cuántas dietas draconianas he hecho a rajatabla a lo largo de mi vida. Desde que padezco hipotiroidismo, las subidas se han vuelto espectaculares, en lugar de coger 8 ó 9 kilos en un invierno, cojo 18, pero la dinámica es la misma: recupero los kilos perdidos y unos cuantos de propina en un periodo máximo de 4 años.

Últimamente se ha puesto de moda la dieta Dukan, todo el mundo habla de ella, fundamentalmente para ponerla verde. Yo no puedo decir si es buena, mala o regular o si te va a dejar el organismo hecho trizas porque como ya he dicho, no soy médico.  Pero no puedo evitar pensar que gran parte de todo este revuelo mediático en contra de esta dieta tiene mucho de guerra a muerte por parte de la gran industria que se ha montado en torno al adelgazamiento porque el ciclo de las dietas hipocalóricas es el negocio del siglo.

Lo primero que hay que entender a este respecto es que la obesidad es una enfermedad crónica. Cuando tienes tendencia a engordar desaforadamente, la tienes y punto, no se cura, no se pasa y no te cambia el metabolismo. Nunca. Y cuando hablamos de tendencia a engordar no hablamos de esos 4 o 5 kilitos que se pone la gente en invierno, hablamos de personas que en ese mismo periodo de tiempo cogen 10 o 12 kilos, si además padecen algún trastorno metabólico, pues ya son 20. Si tienes tendencia a la obesidad, la única solución que conocemos hoy por hoy es estar a dieta el resto de tu vida.

El ciclo de la dieta hipocalórica

A estas alturas, creo que ya todos sabemos que el cuerpo humano tiende a acumular grasas para poder afrontar los periodos de escasez. Esto es un rasgo evolutivo que nos viene de cuando éramos nómadas y comíamos lo que cazábamos o recogíamos por ahí. En el caso de las mujeres esta acumulación es aún más fuerte porque puede darse el caso de tener que afrontar un embarazo durante un periodo de escasez.  Tanto es así, que cuando una mujer tiene menos de un 10% de grasa acumulada en su cuerpo deja de tener el periodo para evitar un embarazo.

Las Dietas hipocalóricas se basan en reducir la ingesta de calorías diarias, de forma que el cuerpo, para seguir funcionando utilice las grasas que tienes acumuladas y así ir perdiendo peso. Te pasas meses ingiriendo unas 800 calorías menos de las que necesitas para vivir. El problema es, que el cuerpo aprende, confirma que efectivamente hay periodos de grandes privaciones y aumenta su tendencia a acumular grasas y a medida que pasan los años y las dietas hipocalóricas se suceden cada vez lo hace más eficientemente.  Así, a medida que sigues la dieta, para perder los últimos kilos, tienes que privarte más y más.

Para mantener esa pérdida, lo único que puedes hacer es continuar a dieta y hacer mucho ejercicio. No hay soluciones mágicas. El problema es que nadie puede estar a dieta siempre. Antes o después llega un momento en el que pierdes la motivación: un periodo de duelo, un fracaso sentimental, problemas en el trabajo…. y como tu cuerpo está ahí agazapado, lleva meses o años muerto de hambre… empieza a acumular con entusiasmo y en un par de meses te has puesto el 80% del peso que perdiste. Recuerdas tu dieta anterior, los meses de privaciones,el hambre constante, el ostracismo social (ya hablaremos de esto) y te cuesta decidirte ponerte a dieta otra vez. Cuando por fin te decides….

El gran negocio

Hoy por hoy las dietas hipocalóricas son el único método científicamente avalado que funciona para adelgazar. Sin embargo, todos los que las hemos padecido sabemos que cronifican y agravan la enfermedad. Y ahí precisamente está el negocio. Basta con entrar en cualquier farmacia o supermercado y mirar la cantidad de productos que existen para adelgazar basados en la reducción de la ingesta de calorías. No son baratos precisamente. ¿Cuanto cuesta un endocrino privado y sus consultas periódicas absolutamente necesarias en una dieta hipocalórica dada la drástica reducción de nutrientes durante largos periodos de tiempo? ¿Y qué decir de los tratamientos de “belleza”…? Presoterapia, mesoterapia, cavitación, liposucciones, abdominoplastias…. cuestan miles de euros.

Dada la estructura cíclica de los procesos de adelgazamiento…. estos tratamientos, dietas, médicos, productos han generado una floreciente industria que genera unos ingresos que yo diría que casi superan a los de la industria del sexo.

Así las cosas…. ¿Interesa curar la obesidad?

Categorías:Alimentación y salud
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